
Es originaria de Persia, Anatolia y el Cáucaso.
Existen en el mercado más de 300 variedades, diferenciadas por su aspecto, color y sabor: las hay muy dulces hasta otras muy sosas, e incluso algunas extremadamente ácidas. Entre sus colores, hay especies verdosas, otras rojas, violetas o amarillas. Un dato muy curioso es que generalmente su carne interior no se corresponde con el color exterior.
La ciruela amarilla aparece hacia primeros de junio. A comienzos de julio aparece la ciruela claudia, la más apreciada, es jugosa y exquisita de gusto.
Al comprar ciruelas pasas, deben ser negras, brillantes y flexibles. Pero no resistentes ni pegajosas. Tampoco deben ser excesivamente dulces, ya que en sus aplicaciones resultarán muy empalagosas.
Es conveniente guardar las ciruelas pasas en un lugar ni demasiado húmedo ni demasiado seco. Aunque se pueden comer y cocer directamente, es mejor remojarlas antes, como mínimo dos horas, en un té tibio o ligero o incluso en un brandy o vino dulce.

Podemos utilizarla también en numerosas preparaciones saladas, particularmente en las que se refieren a la caza, mayor o menor.
Por supuesto que su consumo en fresco es su aplicación más óptima. Pero en confituras y mermeladas, junto con el melocotón y el albaricoque, son las estrellas de las conservas.
La desecación es otra de las alternativas interesantes de esta fruta. Las ciruelas pasas forman parte inseparable de las mejores compotas invernales, sobre todo en conjunción con la pera, la manzana y los orejones.