
Es originaria de Asia Menor y hay datos que confirman su existencia 3.000 años antes de Cristo.
La pera es una fruta muy completa y digestiva. Posee un alto contenido en agua que contribuye a mantener el nivel de hidratación en los límites adecuados. Mucha vitamina C, un poco menos de A y B y notables cantidades tanto en sales minerales como en azúcares.
Una cosa estupenda en esta fruta es que hay distintas variedades en todas las estaciones del año.
Es resistente siempre que se la mantenga en un sitio fresco y siempre, claro está, que se la haya recogido bien y oportunamente. Si queremos que las peras verdes maduren más rápido colócalas en una bolsa de papel marrón agujereado junto con una manzana muy madura y consérvalos en un lugar fresco y oscuro.
Entre las invernales, las más importantes son la conocida como pasa crasana, la conferencia y decana de comicio. Por San Juan, resultan deliciosas las peritas pequeñas y crujientes que reciben el nombre del santo.
En general, la pera se destina al consumo en fresco, favorecido precisamente por la presencia permanente durante todo el año en los mercados. Pero también interviene en mermeladas y gelatinas.
Para saber si una pera está bien madura nos fijaremos en su tallo, que debe ser flexible, y en el otro extremo, donde estuvo la flor, no debe soltar líquido.
Si alguna vez nos hemos pasado comprando peras y tenemos miedo de que se estropeen, tenemos que poner un poco de cera sobre el final del rabito. Así alargaremos su vida y evitaremos que se resequen.

Pelamos las peras, las cortamos por la mitad y quitamos los corazones. Las ponemos en una cazuela con el vino, el azúcar, la vainilla y la canela. Llevamos a ebullición y dejamos cocer a fuego lento durante unos veinticinco minutos, depende del tipo de pera. Sacamos las peras y las reservamos. Añadimos la mermelada al vino y mantenemos el hervor durante unos tres minutos más sin dejar de remover. Rociamos las peras con el jarabe obtenido. Se pueden servir calientes, frías o templadas.